Jesús es la piedra 
"Jesús es la piedra; (...) no se nos ha dado otro nombre que pueda salvarnos" (Hch 4, 11-12). En el pasaje de los Hechos de los Apóstoles —la primera lectura—, impresiona y hace reflexionar esta singular "homonimia" entre Pedro y Jesús: Pedro, que recibió su nuevo nombre de Jesús mismo, afirma que él, Jesús, es "la piedra". En efecto, la única roca verdadera es Jesús. El único nombre que salva es el suyo. El apóstol, y por tanto el sacerdote, recibe su propio "nombre", es decir, su propia identidad, de Cristo. Todo lo que hace, lo hace en su nombre. Su "yo" es totalmente relativo al "yo" de Jesús. En nombre de Cristo, y desde luego no en su propio nombre, el apóstol puede realizar gestos de curación de los hermanos, puede ayudar a los "enfermos" a levantarse y volver a caminar (cf. Hch 4, 10). En el caso de Pedro, el milagro que acaba de realizar manifiesta esto de modo evidente. Y también la referencia a lo que dice el Salmo es esencial: "La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular" (Sal 117, 22). Benedicto XVI – 03/05/2009
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